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sábado, 24 de mayo de 2008

Cuando comienza a hablarnos la naturaleza


Una tarde de mayo, cuando solpaba el viento y preparaba las nubes para la lluvia, me preguntó mi madre.

»Necesito unas ramas para mi huerto. ¿Te vienes conmigo a Pod ježa?«

Toda la familia se fue de excursión a la naturaleza en las cercanías. Mientras mi madre recogía unas ramas, mi padre y mi hijo se fueron de paseo a lo largo de un campo de trigo. Yo me paré ante un campo de flores, y me pregunté: »Se puede recoger las flores, o sirven estas solo para adorar la naturaleza misma?«

Una fuerza invisible me estiró y adentró en el campo. Caminé hacía las margaritas, empecé a recoger unas cuantas y seguía preguntándome lo mismo. De repente sentí como este campo me extraviaba de la vida normal y corriente y me abrazó en sus dimensiones. Como si podía sentír los gritos alegres de los niños, sentía: »Coge me a mi. Y a mi también.« Parecía como si todas las flores y hierbas quisieran venir conmigo para escuchar las bendiciones regulares que hacía con mi hijo. Al principio me parecía raro oir estas voces, y seguía recogiéndo las margaritas. Las flores y hierbas continuaban cantando, pero mi razón quiso desconectarles diciéndo: »¿Por favor, cómo quieres que hable la hierba?«

Al tener un ramo en mis manos suficientemente grande, salí del claro y agradecí lo recibido. Me encaminé hacia el campo de trigo, donde en sus lejanías pude ver a mi padre y a mi hijo. Aún anestesiada de la belleza y de las voces, que venían del claro lleno de flores, ahora pude sentir un suave golpe de viento. Su suave fuerza dirigió mi atención a este campo de trigo, que ante mi bailaba con el viento. Con mis manos acaricié unos pelos largos del trigo más cercano. Cerré los ojos y me entregué a la dulce aroma que provenía de estos campos. Senía fuerza y vida, como si esta aflombra de trigo quisiera regalar a todos los transeúntes su polen, que a través de su aroma despertaba Paz y Vida en nuestros interiores. Dejé de caminar y comencé a agradecer este gran regalo. Me acordé de la vida en pleno centro de Barcelona, llena de cemento y paredes, donde no había tenido experiencias similares. Era ahora que estaba preparada para tomar conciencia de todo lo que nos ofrece la naturaleza. No se trata de solo comida, se trata de la comida del Alma. Este aroma llevó en sí una Conciencia Superior que penetraba en nosotros con cada inspiración. Me innundó un sentimiento de amplitud y dicha. A cabo de un rato, agradecí este don de Vida y me dirigí hacia mi hijo y mi padre.

Aquella noche me fui a dormir muy tarde. Aún así no puede soltar mi ritual de meditación. Esto era mi rato nocturno de escucha del Creador. Esta vez fue una experiencia extraordinaria. De repente pude sentir un soplo de viento. Miré si las ventanas y la puerta estaban cerradas. Así fue – todo bien cerrado. Sentí de nuevo un soplo de viento, acompañado de dulce aroma del campo de trigo. Algo ante mi, sin forma concreta, se inclinó y me entregó profundo agradecimiento. Era agradecimiento por haberle recordado de su misión de Vida, que le dejo lleno de Alegría por lo que hace y nos entrega ddía tras día.

Desde aquella noche, quedó grabada en mi una experiencia de vida muy profunda y la respuesta a mi pregunta: »De verdad puede hablar la hierba?« Si no sientiera el soplo de viento y su aroma tan físicamente probablemente aún dudaría. Conmigo quedó un pensamiento, un pensamiento que también los campos y sus flores llevan la Conciencia del Creador muy viva y audible. Además, ellos nos devuelven todo lo que nosotros les regalamos.


Verdadero o un sueño?

Esto lo tiene que experimentar cada uno por sí mismo.



sábado, 17 de mayo de 2008

Las lágrimas del Amor


Que las lágrimas sirvan solo para
despertar en el Amor.

jueves, 24 de abril de 2008

En la búsqueda de la Verdadera Compañía


Extraido de la carta a mi amigo


Alti cariño,

Tus palabras siempre tocan mi corazón. Entiendo tu situación de ahora... que a veces es amar en la distancia. El amor entre t
ú y Lana es tan grande que os gustaría estar juntos más veces; pero la vida parece poneros »difícil« el reencuentro permanente.

Como bien dices, cada reto es una oportunidad para crecer: para redefinir nuestros valores – »lo que queremos vivir«. Hasta que cierto valor no es deseado y empleado no podemos encontrarlo.

Déjame compartir contigo mí busqueda de lo mísmo - de la compañía del amor. He descubierto que el amor anhelado es la distancia que pusimos nosotros mismos entre nuestro SER y lo que aparentamos ser. Cuando a veces nos sentimos "solos" o deseamos estar físicamente más cerca de otra persona querida, es porque anhelamos estar cerca de nuestro SER, del Poder Divino que hay en nosotros, y que hemos tapados con creencias muy limitadas.

La única manera de sentirnos acompañados (o sea amados y no solos), donde sea y con quien sea, es sentir la Verdad de nuestro SER. El camino hacia ello es el camino interior. En este camino hay los siguientes elementos claves, que he podido descubrir:

- Entrenamiento en la escucha de nuestra Voz Interior.

Aunque a veces creemos que no sabemos escucharla, no es así. Nos habla a todos de manera clara y audible. Lo que es un reto mayor es llevarla a práctica, porque suele decirnos cosas que hasta ahora no hemos probado, hecho, experimentado. Hay que probar lo nuevo, porque seguir haciendo (creyendo) lo mismo nos treaerá lo mismo (más enfermedades, más soledad, más sufrimiento).

- Lo segundo, es la conciencia de que la compañía más deseada de cada día debería ser Nuestro Creador. Si solo contamos con nustra fuerza, no podemos descubrir los dones que nos han sido otorgados por Él. Estos dones son el Amor (lo que somos) y la Unicidad (en la que vivimos). Si no contamos con Él, no podemos sentirnos Uno y estamos condenados para siempre a estar solos y distantes de los seres queridos.

- Lo tercero es la Apertura. La Apertura, que solo se da si confiamos, quiere decir que estamos dispuestos, a pesar de nuestras limitadas creencias, ampliarlas. Require que a la vida lanzamos una petición: »Ayudádme a escoger lo mejor y lo verdadero (y no lo que me gusta o lo que conozco)«, esperando a que la vida misma nos conteste. Confiar en las cosas cotidianas quiere decir que somos capaces de mirar más allá de todos los errores (también de los demás) porque confiamos que somos capaces de Algo mucho más grande. Con plena confianza, dejamos a los niños caerse en el suelo para así aprender a caminar por si mísmos (y no tener que hacerlo más tarde en la vida de adultos con más consecuencias, sufrimiento y dramatismo); dejamos que una persona »imposible« por su caracter muestre sus cualidades y cariño – en vez de reñirla, la abrazamos; sonreímos a pesar de un día “malo” con la confianza de que nuestra sonrisa y la confianza son capaces de transformarnos ... Una vez lograda la confianza en cosas muy cotidianas, somos capaces de verla en cosas más grandes – confiándo en las fuerzas invisibles para manejar nuestros caminos, sabiéndo que siempre nos ofrecen lo mejor. Con esta confianza, podemos seguir sus pistas – y no las de nuestras decisiones limitadas que se basan en nuestros planes (presupuestos) limitados.

Gracias a Dios he podido comprobar que convivir no es necesariamente vivir en la compañía, en el amor y en el entendimiento. Más buscando la Verdadera Compañía, no podemos sino encontrarla. Yo me alegro de que tanto tu, Alti, como yo buscamos lo que vale la pena – los valores que traen consigo la liberación, la conciencia, el bienestar duradero y la paz interior. Te quiero mucho, Saša

martes, 8 de abril de 2008

Suerte

La vida no es un juego de azar,
sino resultado de nuestras creencias y acciones.