sábado, 19 de enero de 2008

Nuestro deseo, nuestra oración


De verdad sabemos qué queremos?


En mi juventud, mirando un programa sobre los gerentes y sus vidas, deseé que yo un día llegase a ser como »aquel de la tele«: importante y con mucha pasta Luego me olvidé de todo aquello. Pero unos diez a quince años más tarde pasó exactamente esto: estuve sentada sobre una silla de gerente y gané lo que ganaba aquel gerente de la tele que admiraba hace tantísimos años. Cuando se despertó en mi mente la memoria de este deseo antiguo ... esta vez cumplido y realizado ... mi alma empezó a llorar. Mi alma reconoció que este deseo tan fuerte, aunque invisible por tantísimos años, me llevó por caminos muy arduosos, de mucho sufrimiento y de negación, solo para conseguir lo que se propusó: un bien material, como es un puesto de trabajo de renombre o dinero, a precio de muchas noches sin dormir ya sea estudiando o trabajando, a precio de »no tener tiempo« para ningun familiar ni amigos, a precio de la estabilidad de mi salud, y un largo etcétera ... Ni la fama tan grande, ni las cuentas tan llenas, ni los hoteles tan brillantes, ni todas las cenas tan caras podrían llenar »el agujero negro interior«, que vivió falsamente en mi alma.

Por la primera vez pude reconocer cómo el hombre siempre consigue lo que desea, aunque la mayoría de veces ni estamos concientes de ello o pensamos justo lo contrario. Lo que realmente dirige nuestra vida no son nuestros deseos »a la vista«, sino nuestros profundos deseos que viven la mayoría de veces bien escondidos en nuestro interior. Son justo estos los que deberíamo conocer para saber hacia donde se dirige nuestra vida ... hacia la felicidad interior o hacia el desastre interior.

A veces creemos que oran únicamente los que están en la iglesia. Más no es así. Todos oramos ... de una u otra manera, porque el deseo no deja de ser un llamamiento para su cumplido. En la escala de nuestros deseos y metas podríamos citar tres tipos de oraciones:

1. Primero vivimos con la ilusión de que podemos encontrar la felicidad en los bienes materiales o en otra persona (»tan querida« de la que nos enamoramos). Queremos un tipo de titulación u otro, quremos un viaje u otro, la casa, el coche, la ropa, amigos, maridos o esposas, niños, un cuerpo guapo y joven, nuestra »porción« de la herencia, y similar. Es muy importante reconocer esta fase, porque solo así podermos reconocer su error fundamental: cuando buscamos felicidad a través de los bienes materiales u otra persona, lo que realmente creemos de nosotros mismos es que somos imperfectos, insuficientes (y por tanto buscamos »lo que nos falta« en algo exterior). Hasta que no corregimos esta creencia nuestra, no podrán satisfacernos ni los pilones más grandes de dinero ni los »mejores« cónjugues o amantes del mundo. No nos podran dar el Amor y la Paz sostenible, que tanto buscamos. Cuando creemos que no somos perfectos, que nos falta »algo«, solemos criticar tanto nosotros como a los demás; o cedemos a un tipo de addición (de persona, tabaco, alcohol, comida, puesto de trabajo, las herencias, etc.); o nos entregamos a morir »lentamente« en nustra tristeza o enfado« en un tipo u otro del sufrimiento y enfermedad. Total, la vida no suele gustarnos del todo.

2. El siguiente paso es desear desarrollar nuestras virtudes interiores tales como confianza, paz, y amor. Comenzamos a ver todos los encuentros con la gente como santas oportunidades de aprendizaje, porque en ellos reconocemos nuestras propias creencias. Comenzamos a ver que nuestros »enemigos« son nuestros mejores salvadores y buscamos el encuentro con ellos (en vez de evitarlo de una u otra manera, que pasaría en la primera fase). En cada encuentro la luz que llevamos en el interior reconoce la liberación porque reconoce que lo que nos molesta “en el otro” es nuestra propia creencia que así se muestra para poder ser corregida en la Verdad. La mayoría de veces nuestras creencias suelen tener raíces muy profundas. Por lo tanto, necesitamos perseverancia en la visión correcta, para que podamos ascender al tercer nivel de los deseos. En el segundo paso hemos aprendido, entonces, a dejar de lado ciertos objetivos: los objetivos que creen saber cómo tienen que ser las circunstancias exteriores para que yo pueda ser feliz. O sea, ya no dictamos más “necesito esta pareja”, “mi pareja tiene que tener pelo negro, su cuenta bancaria llena, una casa, que sea un trabajador, que sepa cocinar, que sea tierno y tranquilo, etc.” Ya no dicto “Estos dos necesitan hacer las paces, sino mi ayuda no haya funcionado.” O “Soy tranquilo cuando están tranquilos los demás.” O “Esto me pertenece.” “Necesito una casa de vacaciones” “Justo este trabajo.” Ya no dicto más “Mi hijo tiene que ser normal y Porque no abortamos el niño con el síndrome tal o cual.” Simplemente nos entregamos a las circunstancias tal como son y buscamos en ellas los mensajes de qué creencias nuestras nos hablan y cómo dejar de creer esto y reemplazarlo con la Verdad.

3. En el tercer paso nos guía un solo deseo: Reconocer en conciencia los dones, que nos fueron entregados. No queremos nada más, solo lo que ya nos fue dado. En este paso, comienza a ser inevitable el encuentro con nuestro Creador o Dios, si así prefiere llamarlo. Reconocemos que nosotros no tenemos que aprender »la paciencia«, que nosotros no tenemos que aprender »el amor«, y similar, porque todos estos dones ya me fueron entregados y los tengo. Reconocemos que solo queremos reconocerlo en su pleno Entedimiento. Yo no me hize a mi mismo y por lo tanto no puedo corregirme. A mi me hizo el Creador, y además Pleno y Entero. En este paso aprendemos que Dios nos lo dio todo, y que este todo significa DICHA y PAZ y no guerra e injusticia. Además lo que se nos dio, no está limitado como los bienes de este mundo: como por ejemplo, cuando entregamos un regalo »tan bonito« a alquien, nosotros nos quedamos sin el. O por ejemplo, si el banco nos da dinero, nosotros tenemos que pagar el dinero más los intereses. En este nivel aprendemos que son ilimitadas nuestras capacidades, nuestros dones. Sabiendo esto nos posibilita a que podamos entregarlos sin limite (y sin buscar la recompensa). Y como consecuencia de dar sin limitaciones, recibimos. Esta es la ley de Dios: DAR es RECIBIR. Y solo puede darse ilimitado sin tengo conciencia de que mis dones son ilimitados. Cuando entrego a mi hermano amor, lo siento yo mismo. En este nivel entendemos a »los enemigos« en su santa luz que vierten sobre nosotros. Honestamente deseo reconocerlos, porque sé que es ahí donde yo mismo limité el flujo del amor y de la paz. Si lo libero, abro de nuevo las puertas para volver a sentir mis dones que me entregó el Creador: la dicha y la paz. Esta no puede ser limitada exclusivamente a mis amigos, sino tiene que abrazar a TODOS. Desde luego esto no quiere decir que tengo que renunciar a los bienes materiales que me son destinados. Aquí estamos para salvarnos de nuestras creencias erroneas, y ayudar en la salvación de aquellos que nos son confiados. Para ello nos son entregados todos los medios materiales necesarios para la salvación. Y sin duda, en este nivel delegamos la decisión sobre »lo que me pertenece« y sobre »lo que necesito« al Cielo. Mia solo es la confianza de que mi acto de dar ilimitado traerá todos los medios y bienes necesarios para volver a Él. La Gratitud que expreso en TODO muestra el grado de la verdadera Confianza que en ello tengo.

Que nuestro deseo siga siendo llegar a la cima de todo ... más no de los »bienes exteriores« sino de la Verdad. Que nos guíe entonces el ardiente deseo interior de reconocernos igual de perfectos como fuimos creados Cuando uno busca la Verdad donde ella se encuentra (en nosotros mismos), solo hay un posible resultado: BINGO.


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